Nos pasamos la vida buscando
la felicidad, deseando
encontrar a la
persona amada, idealizando la
vida, imaginando escenas oníricas,
situaciones ideales, circunstancias
exquisitas y con
ello, alimentamos la imaginación,
las ilusiones y los espejismos
que nos apartan de la realidad
y nos impiden sentir lo
que tenemos que vivir. El amor
empieza por uno mismo. Utilizamos
la palabra amor sin ton
ni son, de forma frívola e inconsciente:
“amo el chocolate”;
“amo el fútbol”; “amo los zapatos”,
“soy amante de la lectura”,
etc., confundiendo placer
y la satisfacción con el servicio,
la implicación y la aceptación
incondicional que conlleva
la palabra amor. Es fácil
comprender que ante tal confusión,
la naturaleza de nuestras
relaciones “amorosas”
sea tan frágil y dependiente.
Cuando no somos capaces de
amarnos, cuando nos juzgamos
con dureza y bajo la estricta
vara de la exigencia, nos volvemos
dependientes de terceras
personas. De forma que al entablar
una relación “amorosa”,
la empoderamos, otorgándole
un valor superior al que realmente
nos aporta, subyugando
nuestra voluntad a sus caprichos
y generando un estado de
falsa felicidad, dependiente del
grado de satisfacción de sus
voluntades, en lugar de saber
priorizar sobre las nuestras.
De igual manera, tendremos
tendencia a repetir relaciones
con patrones parecidos, todos
ellos tóxicos para nosotros. Al
convertirnos en personas dependientes,
nos describimos
como personas con una frágil
imagen de nosotros mismos,
poco tolerantes a las críticas
y negados al análisis que nos
puede permitir mejorar. Los
apegos nos aferran a la otra
persona, potencian nuestros
miedos y con ellos sus características
más determinantes:
los celos, la inseguridad que
genera la pérdida, necesidad
de control, el resentimiento, la
ansiedad e incluso, como forma
más sutil y camuflada de
dicha dependencia, la indiferencia.
Con lo que el maltrato
aparece en la relación, sin ser
conscientes de ello.

• Vive una vida “Zen”. El amor nos aporta paz y armonía,
fortaleciendo nuestra mente y nuestro cuerpo.
• Relativiza toda experiencia vivida. No des valor ni protagonismo
a las experiencias negativas y refuerza las positivas.
• Ríe todo lo que puedas: la risa reduce el estrés y sonreír atrae a
la felicidad. Y la felicidad aporta bienestar y prosperidad.

¿Qué implica
Amar?
Si somos sujetos con una saludable
educación emocional,
podremos gestionar cualquier
situación, adaptarnos a las
dificultades y resolver situaciones
donde el sacrificio y el
esfuerzo sean requeridos. No
aceptaremos vivir bajo el estigma
de la lucha, la confrontación
constante, la angustia
ni el sufrimiento. La
persona que ama, es una
persona que vive confiada
en sus capacidades y en su
potencial, satisfecha de su
realidad, lo que no significa
que esté acomodada ni apalancada.
Generalmente son
personas serenas, comprensivas,
con capacidad de generar
empatía y con un gran respeto
por la realidad de los demás.
Las personas que viven bajo
la energía del amor son personas
con predisposición a cuidar
a los demás, sensibles a
la realidad de los demás, con
lo que procurarán no lastimar
al otro, con gran capacidad de
aceptación y sin la obsesión de
intentar cambiar a nadie.
No debemos olvidar que lo que
manifestamos en nuestra vida
es un reflejo de lo que somos
en el fondo de nuestro ser,
ejemplo de nuestras creencias,
nuestra visión y nuestro grado
de autoestima.
La vida es una escuela y para
poder aprovechar la oportunidad
que nos da, debemos de
aprender a conocernos, escucharnos
y observarnos. La
neurociencia nos dice que los
primeros siete años de vida determinarán
el resto de nuestra
existencia. La Biodescodificación
así lo corrobora, basando
todos sus estudios y argumentos
en esta premisa. Por ende,
si una persona llega a una
relación con todos los conflictos
sin resolver, estará básicamente
boicoteada por sí misma,
tendrá dificultades para
ser auténtica, y la relación con
los demás será insustancial.
Actuará sin ser consciente de
lo que hace, justificando sus
acciones y proyectando en los
demás la responsabilidad de
sus fracasos. Las costumbres
sociales y los roles que intentan
imponernos también serán
serios condicionantes de
nuestra realidad. Tenemos
un claro ejemplo con las
mujeres y el estado de
derecho, con las tareas
del hogar, con el reconocimiento
social e incluso
con el trato legal. Las figuras
paternas también
jugarán un papel fundamental
en el desarrollo de
la autoestima, las futuras relaciones
de pareja y la forma
en que interactuemos con los
demás.

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