Entonces, ¿qué es tener autoestima?
Si nos fijamos en por qué una persona se siente bien, veremos que se considera un ser humano con valor y merecedor de amor. Confía en sus propios criterios y se siente capaz de afrontar los retos de la vida utilizando las adversidades para aprender lo que es verdaderamente necesario, lo que es importante y lo que es secundario para vivir plenamente.

Sin embargo, quizá demasiado influidos por modas americanas excesivamente individualistas, a veces se confunde la autoestima con la autoafirmación personal de nuestros derechos en oposición a los de los demás. Así, a veces se oye decir: “Y si no me quiero yo, ¿quién me querrá? Tengo derecho a triunfar, al dinero, al poder (porque yo me lo merezco)…” aunque esto suponga perjudicar al otro.

Vemos cómo personas con “mucha autoestima” se centran en acumular bienes (una buena casa, un buen coche), en el triunfo personal y consiguen tener muchas cosas que podría parecer que bastarían a cualquiera para ser feliz y, sin embargo, no lo son. Muchos presumen de lo que tienen, pero una mirada más profunda nos hace ver que no es oro todo lo que reluce (“dime de qué presumes y te diré de lo que careces”). Hay suicidios entre los ricos y famosos. Nunca había habido tantas depresiones y ansiedades como en esta sociedad occidental.

Todo esto sucede porque la verdadera autoestima se basa en el sentimiento de valía por el mismo hecho de ser un ser vivo y un ser humano. Es un sentimiento de dignidad (diferente del sentimiento de orgullo) que no depende de lo que seamos o tengamos, sino de formar parte de la vida y el mundo. De este modo, los otros tienen el mismo valor que yo, porque son seres humanos, igual que yo. Y el resto de seres vivos también tienen valor porque formamos parte de la misma vida.

La verdadera y sana autoestima es el sentimiento de
respeto por uno mismo y los demás.

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