Es un amor que está más allá del perdón, más allá de los defectos del otro, más allá de todo juicio moral, humano, social. Es un amor que conoce que en cada ser está la semilla del estado de Budha, la bondad fundamental, un amor que conoce las causas profundas del sufrimiento y de los errores del otro.

¿Se os inflama el corazón al pensar que podemos ser capaces de amar así?

Así aman los maestros. Aceptando nuestras imperfecciones y permaneciendo siempre ahí, sonrientes, bondadosos, generosos, radiantes… otorgándonos su gracia, sus bendiciones, sus enseñanzas, derramando así su amor en nosotros. ¡Es una gran alegría! ¿No
os parece?

Todos somos libres de poder amar sin límites, tenemos una inmensa capacidad
de hacerlo ¡Hagámoslo! ¡Seamos generosos aquí y ahora, en este mismo momento!
Hay un punto negro cuando queremos ser buenos y generosos: ¿por qué hay personas que nos caen mal “porque sí”? Veamos nuestras dificultades en amarlos.

¡Es tan hermoso que te amen tal cual eres! Todos lo deseamos.

A veces uno no puede amar con el cuerpo (caricias, masaje…) ni con la palabra (dulces y amables…) pero sí con la mente, a solas con nosotros mismos, así que lo podemos hacer con
la oración. ¡Usemos pues el poder de la oración!: ¡Que yo no sea causa de sufrimiento para nadie! ¡Qué broten en mí espontáneamente el amor y la compasión!¡Que nazca en mí una inconmensurable capacidad de amar y ayudar a todos los seres, sin excluir a ninguno! ¡Que pueda abandonar el enfado que hace sufrir a otros y me ciega! Abrir el corazón, derramar lágrimas por uno mismo o por los demás, lamentar los errores, tener buenos deseos, descubrir la generosidad, irradiar alegría…

Todas estas emociones abren nuestro corazón, más y más, y nos permiten conectar con la fuente de amor que todos llevamos dentro. Dejémoslas salir y vivir un instante y, luego, sigamos nuestro camino, el que sea, por hoy. ¡Mañana ya veremos! Tenemos derecho
a ser felices y tenemos derecho a equivocarnos y a seguir siendo queridos.

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